Recepción en la embajada
- Fernando Martínez
- 6 oct 2018
- 3 min de lectura
Día 4 en la Villa Olímpica.
Cada día en la Villa se multiplica por 3 o 4, solo llevamos aquí cinco días y parece que hace semanas que salimos de Barcelona.
Nos hemos levantado sin agua en el apartamento. Al abrir el grifo, apenas un hilillo a extinguir en segundos. Ni hablar de ducharse. Esto trastoca mi estado de ánimo, pero estamos preparados para todo, incluso para esto. Nos lavamos la cara como los gatos y bajamos a informar para ver si nos pueden solucionar el tema. Muy diligentes, aparecen dos técnicos de mantenimiento al cabo de unos 15minutos y se ponen manos a la obra. Parece que lo han solucionado. Ya veremos.

Entrenamos por la mañana debido al compromiso protocolario de la tarde. Con Maria hacemos una sesión de multisaltos para ir entrando en materia. No parece nerviosa ante las enormes expectativas que todo el mundo deja caer sobre ella. Sin embargo, necesitamos 3 intentos para realizar un ejercicio sencillo como es el pentasalto coordinado con 6 pasos. Estamos en competitivo. Con otro atleta podrían haber saltado las alarmas, pero con Maria no. Sé que está bien porque el último ejercicio, triple con 6 pasos, lo ha hecho mejor que la semana antes de viajar a Gyor. No lanzo las campanas al vuelo porque pesan demasiado. Sabemos que luego ha de salir el día de la competición, que lo que saltas entrenando no vale, pero saber que estamos bien de forma da confianza para afrontar el reto. También entrenamos con el pupilo de Jordi Inglavaga. Arthur tarda varios intentos en hacer una entrada en condiciones. Es complicado encontrar el punto de comunicación adecuado entre atleta y entrenador por primera vez, sin embargo a mitad de sesión ha empezado a encontrarse bien realizando dos intentos estupendos.

Por la tarde nos llevan en autobús a la embajada. Como no puede ser de otra forma, esta ubicada en una casa señorial, no demasiado ostentosa. El embajador nos recibe en un salón cuadrado decorado con varios cuadros muy interesantes. Me llama la atención una versión libre de “las meninas”. En varias mesas repartidas por la sala, tortilla de patatas que sabe a gloria bendita, que es decir muchompara un ateo como yo, tras cuatro días de comida olímpica y bizcocho de chocolate. Y en el patio trasero, una señora filetea una pata de jamón asado que metidos en panecillos nos resultan exquisitos. Varios camareros pasean con vasos de refresco y agua.

Sesión de fotos: foto del equipo de atletismo, foto de la expedición con el embajador, y por supuesto fotos varias. Tras las fotos, discurso de Alejandro Blanco a los atletas y oficiales del equipo, centrado en la importancia de vivir esta experiencia al máximo, remarcando el carácter olímpico de esta competición y los valores que representa. Tras el presidente del COE palabras del embajador, arenga comedida donde nos explica que debemos saber que al saltar a la pista representamos, no solo a los españoles que viven en España, sino también al medio millón de españoles que residen en Buenos Aires. Discursos breves, concisos, y muy centrados en el carácter deportivo de estos juegos que sin duda habrán producido la motivación esperada en nuestros atletas.
Concluidos los discursos, los presentes se reparten en conversaciones más o menos canales y varios reporteros entrevistaron a atletas, técnicos y autoridades. Por supuesto, María, como abanderada de la delegación española fue una de ellas.

Por la noche tuve la suerte de poder disfrutar de una pizza en “El cuartito” con los compañeros que están fuera de la Villa. Según nos habían dicho, una de las mejores pizzerías de Buenos Aires, cosa que ratificó el taxista que me regresó a mi casa de estos días. mi voz se impregna de aires porteños sin darme cuenta. Lo mejor de todo, por fin pisé las calles de Buenos Aires y comprobé que las personas del mundo real siguen existiendo y no todo el mundo viste con chándal y lleva una acreditación colgando del cuello





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