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El atletismo es un deporte individual, no solitario.

  • Foto del escritor: Fernando Martínez
    Fernando Martínez
  • 3 ago 2018
  • 2 min de lectura

Sin duda alguna, esta ha sido una de mis mejores temporadas como entrenador. Prácticamente la totalidad del grupo ha mejorado sus resultados, y no me refiero solo a su rendimiento en cuanto a marcas, consecución de mínimas y posición en campeonatos, sino en algo que considero mucho más importante. Han mejorado en su predisposición a afrontar nuevos retos y la confianza en sus capacidades a la hora de conseguirlos y sin duda, el mismo grupo de entrenamiento, en conjunto y cada uno de sus integrantes por separado han logrado que esto sea así.


Como entrenador creo que lo que mueve a un atleta a entrenar para conseguir sus metas debe nacer y residir dentro de él. La verdadera motivación no viene jamás de factores externos. Lo que hace que un atleta dé todo lo que lleva dentro cada día no puede depender de si consigue una beca o no, de este o aquel patrocinador, de lo que esperen los demás de él. Lo que le hace entrenar de verdad debe tenerlo dentro y solo si es así conseguirá lo que se ha propuesto, porque solo así será capaz de salvar los obstáculos que sin duda surgirán. Considero enormemente sobrevalorada la frase “la soledad del corredor de fondo” que da ecos épicos al entrenamiento del atleta en solitario ya que bajo mi punto de vista el grupo puede jugar un papel fundamental en la consecución de los objetivos. Es cierto que mi grupo de entrenamiento no es de fondistas, pero si lo fuese estoy convencido que sería mucho mas placentero para los atletas del grupo entrenar con amigos y compañeros a hacerlo solo con la única compañía del asfalto.


Dedico parte del tiempo de entrenamiento a explicar qué vamos a hacer y porqué, qué buscamos con cada entrenamiento, escucho a los atletas y comparto con ellos objetivos de entrenamiento. Valoro enormemente sus aportaciones y creo que esa participación es la que logra la sinergia necesaria para mantener el rumbo cuando las cosas no van como esperamos.


Esta temporada no ha sido diferente al resto. Los entrenadores y nuestros planes no somos infalibles. Este año hemos sufrido lesiones inesperadas, problemas de ámbito personal, familiar y académico, exactamente lo mismo que la temporada pasada y seguramente igual que la que empezará el próximo septiembre, y sin embargo el grupo no ha dejado de trabajar cada día manteniendo su afán. Creo que ese vínculo que se establece entre los integrantes del grupo, entre los que se encuentra el entrenador, favorece la motivación. Cada logro conseguido durante el entrenamiento o la competición se convierte en un logro para el equipo, cada recuperación y readaptación de un atleta lesionado es valorado y reconocido por el resto. He sentido este año un aumento en el compromiso respecto a lo que estábamos haciendo y creo que la comunicación dentro del grupo ha mejorado.



Este cúmulo de circunstancias ha desembocado en una mejora de los resultados por encima de las expectativas previas. Tanto que hace difícil pensar que podamos superarlo en la próxima temporada, pero se trata de un grupo joven y ambicioso. Estoy convencido de que si seguimos por esta línea, el año próximo aún puede ser mejor. Cada temporada nos lo ponemos más difícil y que contento estoy de que así sea.

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